Columnistas

El derecho a no tener hijos

Por: Fabian Andrey Zarta Rojas

Vengo en defensa de las mujeres que no quieren ser madres. De aquellas que no se dejan amedrentar por los cánones sociales. Pero no a salvaguardarlas sin sentido, sino porque siempre me ha parecido un acto valiente el no querer reproducirse; algo inconcebible en las familias católicas y conservadoras. Pero todo eso va cambiando y no sólo por la oleada tecnológica y educativa que nos invade, porque va un poco más allá de la cuestión formativa. Se trata de la conciencia por la vida en la era contemporánea (y la noción de libertad). De hecho, el escritor Juan Restrepo afirma que “La libertad es una ilusión óptica, es un holograma en forma de oasis que los aldeanos sedientos perciben en su marcha por el desierto”.

Ahora bien, de antemano sé que existen muchas razones que pueden influir para que una mujer (y también hombres) desee no tener hijos, pero para efectos de este espacio intentaré analizar solo la que he mencionado. Entonces, para empezar, señalo que hay algo que se nos ha vendido como central en la sociedad actual y de la cual muchos creen gozar. Lo que digo es que la libertad no es más una ilusión que hemos comprado a (los medios y al gobierno, etc.), pero que ha causado un efecto contraproducente en el inconsciente colectivo, terminando como un arma de doble filo para el neoliberalismo.

Me explico, el capitalismo contemporáneo busca, entre otras cosas, la división y la guerra entre la población, de manera que la natalidad debe ser alta para que siempre exista un gran volumen de masas que sean “mercancía” para las grandes marcas. Y es allí, donde la noción de libertad adquiere sentido, puesto que mediante el marketing promoviendo la vida que todos deseamos (“una vida con libertad total”) nos impulsa a realizar o tomar decisiones que muchas veces no queremos; lo que es la función principal de la propaganda… por eso es tan peligrosa.

Lo anterior es justamente la tesis de la teoría social a la cual las mujeres se están oponiendo porque han transformado esa noción de libertad que los programas del gobierno y los medios de comunicación les ofrecen. Pero ¿a qué se debe ese antagonismo? Me parece en primera instancia, al uso coherente del libre albedrío que es el efecto opuesto de la noción de libertad estatal. En otras palabras, la función del libre albedrio es ser una herramienta fundamental del ser humano para contrarrestar los objetivos esquizofrénicos del capitalismo contemporáneo, sobre todo el capitalismo de plataformas y la necropolítica que toman al cuerpo y sangre como mercancías.

En ese sentido, ese libre albedrio no se produce solo, sino que tiene implicaciones de fondo desde las cuales las mujeres deciden tajantemente no traer más seres humanos al mundo. Algunas de las discrepancias sobre ser madre parecen ser: 1) El no abandonar su “libertad” en todas las facetas (social, política, económica etc.); 2) porque no lo desean y no sienten la necesidad de querer un niño; 3) porque es una responsabilidad vitalicia; 4) porque no desean enfocar sus fuerzas en la crianza de otro ser; 5) además, porque prefieren gozar de su soledad.

Lo anterior no quiere decir que ser madre sea algo indeseable. Sino todo lo contrario, ser madre es un trabajo loable al cual hay que rendirle homenaje de manera constante y que, como hijos, no logramos pagar, a lo largo de la vida. Sobre todo, porque ellas siempre estuvieron y estarán dispuestas a todo con tal de vernos felices. El ser progenitora incluye una responsabilidad ética y moral sin precedentes a la cual no todos queremos aplicar, pero que sin duda respetamos.

Por último y creo que es la razón más importante por la cual las mujeres de esta eran no quieren ser madres, radica sencillamente en eso… en que no tienen ni quieren porqué justificarlo, simplemente no quieren y ya. Por esa razón, es que debemos respetar dicha decisión de vida, pero también porque están en todo su derecho (por su libre albedrio) a elegir cómo, con quién o dónde desean realizar su vida; porque de hecho la razón de nuestras vidas nunca puede ser algo material y solo por eso deberíamos respetar los criterios de vida de aquellas personas, en vez de juzgarlas solo porque se salen del estereotipo creado por una tradicional estructura social heteropatriarcal que obliga a procrear sin ningún tipo de proyecto de vida. Por eso y más allá de todo tipo de feminismo, todos tenemos la facultad legitima de optar por si queremos o no ser progenitores.

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