Historias de vida, Mujeres

“Abusaron de mí, pero preferí guardar silencio”: víctima

La historia de una joven que, como muchas, han vivido el desgarro de una violación y que nunca han tenido justicia.

El derecho a guardar silencio, es algo que muy pocas personas pueden entender cuando se trata de una violación. En la mayoría de ocasiones, la sociedad señala y revictimiza a la víctima que sufrió el flagelo, que, casi siempre, prefieren llevar la carga sola o solo antes de ser señalados.

Esta, es tan solo una de los miles de historias que quedan archivadas en las memorias de las víctimas y de sus victimarios, estos últimos que lamentablemente viven su vida como si nada hubiera pasado, pues, aunque se denunciara, hay poca probabilidad que sea cosa juzgada.

Así queda evidenciado en las estadísticas de la Fiscalía General de la Nación, seccional Tolima, donde tan solo en los últimos 5 años, (2016-2020) tratándose de abuso sexual en menores de edad, se recepcionaron 9.479 denuncias, de las cuales, apenas 709 fueron esclarecidas y tan solo 370 lograron condenar a los abusadores.

Es por esa misma razón que, Catalina, como llamaremos a la protagonista de esta historia y quien pidió reserva de su nombre real, no ha querido hacer pública una situación que marcó su vida y que hasta el momento no ha podido superar.

Eran cerca de las 8:00 de la noche, de un sábado del 2019, realmente no tiene muy clara la hora, cuando recibió la llamada de quien había sido hasta hace poco su jefe, cuenta que su ingenuidad le cobro muy caro el haber llegado hasta la casa de él. No eran amigos, no le tenia confianza, no le generaba buena ‘vibra’, sin embargo, a pesar que lo había dudado todo el día porque ya la había contactado antes, fue hasta la casa de ese personaje porque pensó que le podía ayudar, pues en la conversación le decía que se sentía muy mal, al llegar allí, pasó lo que no esperaba que pasara. Aunque dijo ‘NO’ muchas veces, él insistió, se sintió débil, vulnerable, sola, entró en shock y simplemente se quedo quieta.

Catalina, mientras relata su historia, no para de temblar, sus lágrimas y dolor es evidente, es la primera vez que le cuenta a alguien aquel impactante momento.  Es entendible, no es fácil recordar una escena que la cambió por completo.

Dice que por años ha estado guardando silencio, pues dice que de nada sirve denunciar, de hacerlo, no se siente con la suficiente fuerza de enfrentar a su familia y amigos quienes le reprochan el hecho de que haya cambiado tanto, ya no es la misma, ya no ríe, no sale con sus amigos, vive sola en un apartamento y se siente tranquila estar así.

No entrega detalles de la persona que abuso de ella, pues dice que ni siquiera quisiera pronunciar su nombre, aunque lo tenga que escuchar frecuentemente.

Es difícil imaginar la situación y la vida que lleva una persona que ha sido victima de abuso sexual, y aún más difícil cuando creen que si denuncian, nadie les creerá, que serán señaladas por la sociedad diciéndoles y juzgándolas que lo que les pasó, fue porque se lo buscaron, y, realmente no están tan alejadas de la realidad.

De acuerdo a una fuente de la Fiscalía, el proceso cuando se recibe una denuncia de violación es bastante tedioso, más aún cuando el hecho ocurrió años atrás, si una víctima que acaba de ser abusada sexualmente debe esperar horas para poderse quitar la suciedad que deja un hecho tan aberrante de su cuerpo, mientras la examinan, mientras le toman fotografías y mientras que tiene que revivir no una sino varias veces la historia de lo que les ocurrió, qué se puede esperar de una víctima que no denunció en el momento sino que guardó silencio por años.

Como se decía en un principio, el caso de Catalina es tan solo una de tantos, el miedo, la zozobra, la vergüenza así no sea culpa suya, impide que denuncien. A eso, se le suma lo débil que es la rama judicial para castigar este tipo de casos. Por ello, es que algunas buscan de manera anónima desahogarse en medios de comunicación, o a través de reses sociales haciendo visible una problemática que, por años, ha sido un arma de guerra silenciosa.

Esta es la respuesta de la Fiscalía sobre los abusos sexuales en menores de edad durante los últimos cinco años en el Tolima.

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