La congestión vehicular en Ibagué está, cada día, en un franco in crescendo, por cuenta de múltiples factores que inciden en el caos que se toma las vías del municipio de manera cotidiana, tristemente ya es parte del paisaje, de esto hemos dado cuenta en columnas anteriores, donde, claramente, la falla de la semaforización de la ciudad, la mala infraestructura vial, el aumento en el número de vehículos en circulación, la demora en la implementación del Sistema Estratégico de Transporte –SETP-, la falta de andenes para transitar, la pérdida paulatina del espacio público y los “mal parqueados”, pero sobre todo, la ausencia de un desarrollo de incentivos para utilización de otras formas de movilización, entre otros factores, nos están anclando al atasco y, de paso, al atraso también.

Es este, el de la movilidad sostenible, uno de los hechos municipales necesarios para la transformación local y que debe hacer parte de la discusión pública y de cara al control efectivo de las acciones realizadas par parte de la actual Administración Municipal en la materia y, por supuesto, del debate electoral que se avecina. Se requieren acciones urgentes y, el no hacer nada, en este caso, no es una opción.

La semana pasada fue noticia la estrategia implementada por una emisora para “apoyar” la orientación del tránsito mientras los agentes encargados de esta tarea, aparecen para controlar la movilidad. Más allá de lo “Macondiano” que pueda resultar esta acción, lo que sí evidencia son dos aspectos muy importantes, por un lado, que en efecto ya se percibe cierto desespero por los trancones –muchos de ellos ocasionados por la falta de semaforización- y, por el otro, el poco desarrollo digital en la ciudad, pues para esto ya existen aplicaciones que miden el tráfico en tiempo real, como el caso de Waze. Ahora, El Índice de Madurez de Ciudades y Territorios Inteligentes del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones –MinTic- dice lo contrario a mi segunda apreciación y es que Ibagué es la segunda ciudad más inteligente del país, aún cuando los agentes son advertidos de los trancones a través de una emisora. La respuesta puede estar en los factores que considera el ministerio para catalogar la “inteligencia” –alta, baja o media- de las ciudades y que no necesariamente coinciden con los modelos colaborativos.

Monitorear, en tiempo real, el tráfico local, es posible; conocer los lugares de mayor congestión, de daños en los semáforos, de accidentes, etc., puede hacerse y, a partir de ahí, tomar decisiones por parte de quien corresponda. Solo por citar un ejemplo que se puede replicar, hace algunos años, El Instituto Tecnológico de Massachusetts –MIT-, desarrolló una aplicación denominada “Hubcap”, pensada inicialmente para el establecimiento de un modelo colaborativo en el uso de los taxis en la ciudad de Nueva York, pero que, en esencia, modela el tráfico de la ciudad, “en vivo y en directo”, para determinar, de acuerdo a los horarios, cuales son los sitios con mayor demanda de transporte púbico, el tráfico y, a partir de esa información, facilitar la toma de decisiones, una herramienta bastante útil que la Alcaldía podría y debería implementar. No está demás echar mano de una herramienta colaborativa para que la autoridad decida qué hacer, dónde hacerlo y a qué hora, según la espontaneidad de las acciones de los actores viales. No sobra, tampoco, conectar toda esta información con la autoridad de tránsito y, por supuesto, los conductores, a la par que se piensa e incentiva el uso de una movilidad sostenible.

Camilo Ernesto Ossa B.

@camiloossa10

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