La importancia de las ciudades intermedias en Colombia es una clara oportunidad de aprovechamiento para la economía local. Miremos un solo aspecto con plena incidencia en el desenvolvimiento de las relaciones económicas, sociales y culturales de Ibagué: el suelo rural (debiendo hablar en otro momento de la denominada migración climática). Este es fundamental para apalancar la economía local, la cual ha sido “víctima” de un sesgo urbano (generalizado en América Latina), que suele terminar, dadas las condiciones de infraestructura y de servicios (salud, educación, servicios públicos, transporte, etc.) principalmente, en proceso de migración del campo a la ciudad; ni qué decir del aumento de las brechas urbano-rurales, la distribución desigual de la riqueza y la vulnerabilidad ambiental, como consecuencia de un abandono a la ruralidad colombiana. Hay una potencialidad a través de la interdependencia que supone una correcta planificación del territorio rural. 

Es un elemento clave, en relación con la necesaria toma de decisiones concretas y eficientes para alimentar la vocación económica y la productividad que tanto requiere la ciudad. Alzar la mirada a la ruralidad, como parte esencial para solucionar la crisis de (des)empleo, competitividad, informalidad y seguridad alimentaria. Según datos del Sistema de Información para la Planificación Rural Agropecuaria -SIPRA-, de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria -UPRA-, en el municipio tenemos una frontera agrícola que obedece al 51,1% del territorio, un porcentaje bastante interesante, de aprovechamiento del suelo para actividades agropecuarias, si tenemos en consideración que, a nivel nacional, la frontera agrícola es del 34,4% del área del territorio continental.

También hay datos del suelo que son interesantes (oportunidades), medido en hectáreas, en el municipio para actividades productivas con incidencia total representativa y que tienen proyección acorde a las demandas ciudadanas, por ejemplo, el aguacate Hass con 19.968, el café con 33.935, el arroz con 8.453, el algodón 20.633 (Cifras del SIPRA), sin contar con otras que pueden llegar a representar una aptitud del suelo mucho más amplia. 

Divergencia de acciones y decisiones son necesarias para rescatar las condiciones, muchas veces difíciles del sector rural, pero importantes y concretas, podría decirse que, a mediano plazo, se deben ejecutar, por un lado, una política pública dirigida específicamente al sector agropecuario que permita optimizar el uso del suelo y, por el otro, la generación y acompañamiento de actividades económicas que contribuyan a la superación del desempleo, la informalidad, la baja competitividad y la inseguridad alimentaria (como ha venido ocurriendo en la meseta de Ibagué con el arroz), el acompañamiento al productor, por parte del Estado, debe ser permanente.

Pero a largo plazo, se necesita la implementación del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial para la ciudad, con una delimitación óptima del suelo rural y su vocación productiva, lograr la provisión de infraestructura y equipamiento básico, reducir la brecha de la desigualdad y atraer inversión interesada en las potencialidades del suelo rural.  

Camilo Ernesto Ossa B.

@camiloossa10

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